El rescate de cuatro militares de la Fuerza Aérea de El Salvador, secuestrados el pasado domingo en las afueras de Puerto Príncipe, se ha convertido en una prioridad gubernamental e internacional de primer orden para Haití.
Según información difundida por Linieros TV, el Gobierno de Haití permanece plenamente movilizado tras una reunión de alto nivel encabezada por el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé con altos funcionarios y la Fuerza para la Represión de las Pandillas (RFA). En un comunicado oficial, el Ejecutivo haitiano reafirmó su compromiso de “afirmar la autoridad del Estado” y sostener las operaciones de rescate con todos los recursos necesarios hasta lograr la liberación de los uniformados.
Por su parte, informes atribuidos a la agencia Associated Press (AP) y al medio Diario Libre detallan que el incidente ocurrió en la convulsa localidad de Croix-des-Bouquets. Los cuatro soldados salvadoreños —quienes se desempeñan como técnicos de aviación en la misión internacional— regresaban de un mercado local a bordo de un vehículo blindado cuando fueron emboscados con explosivos y fuego por bandas armadas. Aunque la aeronave y helicópteros de apoyo intentaron realizar aproximaciones tácticas por aire y tierra para repeler el ataque y dar con los efectivos, la intensidad de los combates dificultó la extracción.
Ante la gravedad del suceso, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, lanzó un ultimátum directo a las pandillas criminales haitianas exigiendo la devolución inmediata de los militares “vivos y sin ningún daño”. De acuerdo con información procesada por la agencia EFE, el mandatario anunció la activación de una operación militar especial para su localización y advirtió con severas represalias si no son liberados inmediatamente.
Reportes del diario dominicano El Día y del portal Sociedad Media señalan que este ataque pone bajo presión a la fuerza multinacional de pacificación. Hasta mediados de octubre de 2026, la misión apenas contaba con 1,563 efectivos sobre el terreno, lo que representa un 28.4 % de la meta de 5,500 uniformados prevista por la ONU, evidenciando las complejas vulnerabilidades que enfrentan los contingentes internacionales desplegados frente al dominio territorial de las mafias armadas en Haití.