El tiempo parece haberse detenido desde hace ocho años en la intimidad del hogar de Heidi Rodríguez de Jesús. Para Ésta madre de 52 años, cada día transcurre entre el recuerdo doloroso, la incertidumbre constante y una fe inquebrantable que se niega a extinguirse. Su hija, Karina Ivette Ramos Rodríguez, entonces de 23 años, desapareció en abril de 2019 sin dejar un rastro claro, sumando a su familia a la larga y dolorosa lista de hogares puertorriqueños que esperan una respuesta que no llega.
Aquel 3 de abril de 2019 prometía ser un día común. Karina, que se encontraba en casa de su madre tras haber regresado de Estados Unidos meses atrás luego del fallecimiento de su pareja, se despidió de su mamá, sin sospechar que esa sería la ultima vez que Heidi escucharía su voz. "Mami, no te preocupes, vengo rápido, voy a resolver algo", recordó Heidi que le dijo antes de marcharse. Ante la insistencia de Karina por conseguir transporte, su hermano la llevó hasta la entrada de la barriada Roosevelt, en San Lorenzo, alrededor de las 3:00 de la tarde. Desde ese instante, no se supo más de ella.
A pesar de las diferencias y altibajos cotidianos propios de la convivencia, Karina siempre regresaba al regazo materno. "No importa la hora, ella siempre llegaba a dormir conmigo", relató Rodríguez de Jesús con la voz entrecortada por la nostalgia. Sin embargo, esa noche las horas transcurrieron y la puerta nunca se abrió.
La angustia inicial pronto se transformó en una búsqueda activa y desesperada. Ante el vacío de respuestas de las autoridades locales y la inacción policial que con frecuencia denuncian las familias en casos similares, la familia Rodríguez decidió tomar la iniciativa. Meses después de su desaparición, tras recibir confidencias que ubicaban a Karina en las calles de Río Piedras, sus padres, hermanos y tíos recorrieron residenciales, puntos de encuentro y sectores vulnerables durante más de tres meses, realizando noches de vigilia con la esperanza de reencontrarla.
"Nos describían a una persona exactamente igual a ella, deambulando. Estuvimos meses metidos en todos los rincones, pero nunca la pudimos hallar", explica Heidi, quien finalmente tuvo que pausar las búsquedas, debido al desgastante impacto emocional que producía regresar con las manos vacías.
El caso, que actualmente figura bajo la jurisdicción del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Caguas, ha mostrado pocos avances sustanciales con el paso de los años, dejando a la familia en un limbo donde solo reciben llamadas esporádicas sin resultados concretos.
Más allá de la investigación y las hipótesis, la ausencia de Karina deja una huella imborrable en sus dos hijos pequeños, de 14 y 12 años, quienes crecen al cuidado de sus familias en medio de la falta de su figura materna.
A pesar del dolor y las batallas libradas contra las adicciones que afectaban a su hija, Heidi hizo un llamado conmovedor a la sociedad para mirar estos casos con empatía y sin prejuicios: "A las familias que tienen hijos pasando por adicciones, les pido que no los abandonen ni peleen con ellos; ayúdenlos, porque las adicciones son una enfermedad".
Para Heidi, la esperanza sigue siendo la fuerza que la sostiene día a día: "Yo siento en mi corazón que está viva y que algún día Dios me va a permitir volverla a ver".
Al momento de su desaparición, Karina Ramos Rodríguez tenía 23 años de edad. La joven mide 5 pies y 2 pulgadas, ojos color avellana (hazel) y cabello castaño.
Además, tiene un tatuaje en el brazo izquierdo con dos huellas pequeñas de bebé y los nombres "Jansiel" y "Jeanel".
Si posees algún dato certero sobre el paradero de Karina Ivette Ramos Rodríguez, puedes comunicarte de manera confidencial directamente con la familia al (787) 207-2288 o con las autoridades correspondientes. Cualquier detalle, por pequeño que parezca, puede ser la clave para devolverle la paz a esta familia.
