Hay ausencias que hacen ruido en las portadas de los periódicos y movilizan a comunidades enteras. Sin embargo, hay otras que se desvanecen en un inquietante y absoluto silencio. Tal es el caso de Fiordaliza Cruz Sánchez, una joven de 24 años cuyo paradero se desconoce desde el 10 de octubre de 1999 y de quien prácticamente no existe huella en la prensa ni en el espacio público.
Nacida en Santo Domingo, República Dominicana, Fiordaliza residía en Puerto Nuevo, San Juan. De acuerdo con la ficha del portal de investigación de personas desaparecidas The Charley Project, la joven fue vista por última vez en las inmediaciones de un taller de mecánica ubicado en la concurrida avenida Américo Miranda el 10 de octubre de 1999. Tenía 24 años, medía 5 pies y 5 pulgadas de estatura, pesaba unas 120 libras, y lucía cabello y ojos de color castaño.
Desde aquel domingo de otoño de 1999, bajo circunstancias que el expediente oficial califica simplemente como “poco claras”, no se ha vuelto a saber nada de ella.
Al consultar los archivos periodísticos e históricos del país, salta a la vista un detalle tan dramático como su propia desaparición: no hay registros de cobertura de prensa sobre su caso. Tampoco aparecen llamados públicos, movilizaciones ni declaraciones de allegados o familiares que hayan quedado documentados a través de los años.
Mientras que otros casos de personas desaparecidas logran mantener la atención pública mediante la insistencia de sus seres queridos o el interés mediático, la historia de Fiordaliza parece haber quedado archivada en la sombra, custodiada únicamente por las bases de datos policiales (Caso Agencial #99-01-282-13417) y por organizaciones internacionales dedicadas a rescatar del olvido los casos sin resolver.
Otro detalle que llama la atención es la rigurosidad que parece haber tenido la investigación de este caso. A pesar que la avenida Américo Miranda es una zona muy transitada en la que existen múltplies comercios y es frecuentada por mucha gente, no se reflejan testimonios de las personas que vieron a la joven por última vez ni datos como a quien pertenecía el taller donde se le vio entrar, quien o quienes interactuaron con ella en el lugar, a que hora salió de allí y hacia dónde, o en compañía de quién.

El caso de Fiordaliza tampoco aparece registrado en NAMUS, una base de datos digital creada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y en el que se registran casos de personas desaparecidas, cadáveres sin identificar y cuerpos sin reclamar, de todos los estados de Estados Unidos. Tampoco existen otras evidencias que pudiesen ayudar a identificar a la joven como registros dentales o su perfil genético.
Este caso también refleja la vulnerabilidad particular a la que se enfrentan los ciudadanos extranjeros, muchos de los cuales emigran de forma irregular, muchas veces sin una red de apoyo y en muchos casos, desarrollan su vida de una manera invisible debido a esa situación. Al no contar con el estatus legal o los recursos para poder traer a sus familias o viajar para visitarlas con alguna frecuencia, terminan distanciandose de estas o pierden contacto con sus redes de apoyo primarias en su país de origen, lo que también incide en la falta de seguimiento constante o querellas consecutivas ante las autoridades locales.
La historia de Fiordaliza Cruz Sánchez plantea una interrogante humana desgarradora: ¿cuántas vidas vulnerables quedan atrapadas en la invisibilidad cuando la prensa no llega a tiempo o los lazos familiares se distancian en un país extranjero?
Cualquier persona que posea información sobre su paradero o que pueda aportar datos sobre su historia puede comunicarse confidencialmente con el Negociado de la Policía de Puerto Rico al 787-793-1234 o al 1-800-981-3635.