Justicia para Germán

Puerto Rico

hace 3 h Francisco Quiñones

“Justicia para Germán”, familiares claman por esclarecer la desaparación de un septuagenario hace dos años en Salinas

El hombre de 77 años fue visto en varios lugares y en compañía de varias personas, pero no regresó a su hogar.

En lo alto del barrio Plena de Salinas, ondea una enorme pancarta enviada desde Estados Unidos por los hijos de Germán que lee "Justicia para Germán". · Suministrada.

A más de dos años de la misteriosa desaparición de Germán Santiago Rodríguez, ocurrida el 27 de junio de 2024 en el barrio Plena de Salinas, el dolor de sus seres queridos sigue tan latente y desgarrador como el primer día.

Germán, quien al momento de su desaparición contaba con 77 años de edad, era un hombre sumamente querido y respetado en su comunidad, conocido por su carácter tranquilo, su devoción cristiana y su apego a las costumbres de su tierra. Era una persona que no consumía bebidas alcohólicas, que no fumaba y cuya estampa era habitual en los caminos del barrio, donde caminaba de arriba abajo sosteniendo firmemente su santo rosario. Sin embargo, su repentina y enigmática ausencia dio paso a una angustiosa travesía marcada por la incertidumbre, la frustración ante el manejo inicial de la pesquisa y la firme convicción de su familia de que su partida no obedeció a un accidente fortuito en la montaña, sino a un acto criminal que todavía clama por respuestas.

Justicia para Germán

Para su hermano, Wilson Santiago, la desaparición se convirtió de inmediato en el eje central y la prioridad absoluta de su vida, al punto de tomar la difícil decisión de solicitar un descanso en sus labores profesionales —en las que se desempeñaba con dedicación coordinando eventos artísticos y trabajando en proyectos reconocidos— para poder dedicarse en cuerpo y alma a buscar la verdad. Wilson relató con profunda pena cómo, desde la primera tarde en que concluyeron los operativos oficiales de búsqueda en las zonas boscosas, su instinto familiar y su profundo conocimiento del terreno le gritaron que su hermano no desapareció en las montañas del sector.

"Yo te puedo decir que como hermano de padre y madre de sangre, yo percibí esa tarde cuando se concluyeron los operativos de búsqueda, yo me paré frente a la casa de mi hermano y pegué a observar la montaña y mi corazón me decía que mi hermano no estaba allí", recordó con emotividad y con la carga de un dolor que no cesa.

La sospecha de la familia se fundamenta en la personalidad y las rigurosas costumbres de Germán, quien era extremadamente celoso con la seguridad de su hogar. Wilson detalló que su hermano jamás dejaba la residencia abierta ni se descuidaba al salir; siempre cerraba todo bajo llave y contaba con una licencia de portación de armas y de caza, y poseía ocho escopetas.

Según la investigación, el último rastro de Germán lo sitúa el martes 25 de junio de 2024 cerca del mediodía, cuando un empleado municipal lo vio a bordo de un vehículo color vino mientras visitaba la tumba de su hija en el cementerio de Salinas, siendo avistado poco después en las inmediaciones de un supermercado de la zona. No obstante, las piezas comenzaron a no encajar cuando se descubrió que los alimentos cocinados que dirariamente le entregaban en su hogar, no fueron recogidos al día siguiente. Para Wilson, este detalle es lapidario: "Mi sospecha siempre ha sido de que mi hermano no llegó nunca a la casa", aseguró, convencido de que la tragedia se consumó antes de que pudiera cruzar el umbral de su puerta.

El proceso, explicó, ha estado plagado de profundas insatisfacciones y momentos de desconcierto para la familia con respecto a las gestiones iniciales de las autoridades. Wilson denunció abiertamente que, cuando acudió a la residencia tras recibir la alerta del vecindario, se encontró con una escena mal custodiada donde circulaban numerosas personas del barrio, en el interior de la residencia, lo que a su juicio pudo comprometer indicios vitales. A esto se suma el desconcertante hecho de que las cámaras de seguridad de la casa dejaron de funcionar extrañamente dos días antes de la desaparición.

La complejidad del caso se incrementó con el paso del tiempo debido a trágicos eventos paralelos: el hermano menor de Germán, quien era su tutor, falleció un año y pico después; mientras que la esposa de este —quien también compartía responsabilidades de cuidado— se esfumó del entorno familiar sin haber sido interrogada a profundidad por los investigadores. Con evidente frustración ante la lentitud y el hermetismo, Wilson señaló las fallas en el seguimiento a personas que podrían tener claves o información directa: "La policía ha hecho algunas entrevistas, pero no criminalmente, sino sobre la desaparición... el hermano mío el custodio lo entrevistaron, lo interrogaron en varias ocasiones, y a ella (la esposa de su otro hermano) solamente la hablaron una vez en la casa de mi hermano, pero que yo sepa si la interrogaron sobre el caso allá en la comandancia, no creo que lo hayan hecho todavía".

A pesar de los tropiezos, del muro de silencio y del temor de algunos testigos que prefieren callar por miedo, la incansable insistencia de la familia ha logrado reactivar el análisis de los expedientes gracias a la colaboración de la sargento Daimy Viñas, de la Superintendencia de Personas Desaparecidas y del personal especializado del Cuartel General y de la Comandancia de Guayama, con quienes mantienen comunicación constante para evaluar nuevas pistas, llamadas y confidencias. Wilson confía en que la verdad comenzará a abrirse paso y advierte que las consecuencias para los responsables serán ineludibles: "Sí están apareciendo testigos y a la larga se va a saber la verdad. Se va a saber y va a haber consecuencias, esto es palabras mayores... porque mi hermano era una persona cristiana, muy querida en el barrio".

Hoy, en lo alto del barrio Plena de Salinas, ondea y resiste una enorme pancarta enviada desde Estados Unidos por los hijos de Germán la cual muestra el rostro de Germán acompañado de la frase "Justicia para Germán". Ese letrero, colocado precisamente sobre el techo de su propia casa, exhibe los números telefónicos de contacto para que cualquier ciudadano con datos confidenciales pueda romper el silencio.

Al borde de las lágrimas pero sostenido por una fe inquebrantable, Wilson reiteró su llamado desesperado y ofreció su número directo (787-595-0880) a la comunidad: "Yo no he perdido la fe en el Señor y le doy eso a la misericordia... yo me atrevo a decir de corazón que mi hermano no está en esa montaña. Yo conozco esa montaña como me conozco mis manos". La familia Santiago no bajará los brazos hasta que se esclarezca por completo qué ocurrió aquel fatídico junio de 2024 y se haga justicia para Germán.